Desarrollo psicosocial

Desarrollo social

Un correcto desarrollo social, además del propio ajuste al entorno, con todo lo que ello conlleva, puede ayudar a los peques, entre otras cosas, a:
Desarrollar habilidades de comunicación: interaccionar, como decía, con otras personas es una vía de aprendizaje y desarrollo del lenguaje muy potente, y no solo a nivel sintáctico, sino funcional.
Mejor autoestima: tener una red social potente y bien establecida correlaciona con mejores niveles de autoestima, tanto en la infancia como en la vida adulta, y de hecho es un factor de protección frente a determinados trastornos o incluso riesgo de exclusión social.
Determinados aspectos del aprendizaje: los niños empiezan aprendiendo de nosotros, los papis o familiares, pero llega un momento en su desarrollo en que una parte importante de su aprendizaje proviene de los iguales, de otros niños, de sus amigos, de su entorno.

Desarrollo social hasta los 2 años
Bebé de 1 mes: aunque nos parezcan muy pequeños para casi todo, lo cierto es que los bebés de un mes ya muestran preferencias por los rostros humanos, y no solo son capaces de percibir el calor, olor y voz de la persona que les cuida, sino que además reaccionan con movimientos de su cuerpo a esa voz. Es decir, ya hay una respuesta ante la interacción con otro ser humano.
2 a 4 meses: aparece la (primera) sonrisa como reacción a nuestra conducta con ellos (sonrisa que lleva a que los padres nos derritamos vivos, claro), posteriormente la carcajada y los primeros gorjeos (gugu-gaga), esos soniditos tan ricos como reacción a la música o a nuestras palabras. Se muestra muy a gusto al interactuar con sus figuras de apego.
5 a 7 meses: en esta etapa los padres vemos un avance enorme, ya que empiezan a tener como conversaciones con nosotros, nos escuchan mientras hablamos y parecen respondernos (a su modo, con balbuceos). Alrededor de los siete u ocho meses empiezan a ser capaces de reconocer nuestras emociones, a reaccionar ante ellas (por ejemplo entienden el “no” cuando se lo decimos con cara seria), y también empiezan a expresar las suyas. Como ves, el desarrollo del lenguaje, el emocional... todos están relacionados, todos participan en muchos de los aspectos del niño.
8 a 12 meses: en esta etapa nos provocan para jugar, nos lo piden o demuestran como pueden, desde tirando cosas al suelo para ver cómo caen... y cómo las recogemos, a la fascinación por el “cucu-trás”, al que te pedirán jugar todo el rato porque les parece lo más divertido del universo. Su nivel de desarrollo cognitivo y social hace que empiecen a extrañar con personas desconocidas, que no quieran separarse de nosotros (angustia de separación).
1 año: empiezan a entender que hay otras personas, además de ellos mismos y las figuras de apego, y muestran un ligerísimo interés por ellos. En esta etapa es posible que se acerquen a otros niños, pero no juegan entre ellos, sino lo que se denomina “en paralelo”, uno al lado del otro. Como mucho se pelearán por un juguete. A lo largo de este año ese interés por otros niños irá en aumento, y pueden empezar a intentar imitarlos, especialmente cuando se trata de niños mayores o nosotros, los adultos (es una forma de aprendizaje muy importante).
2 años: siguen bastante centrados en ellos mismos y en sus necesidades (entramos en “los terribles dos” y las rabietas). No son capaces de entender realmente qué sienten otros niños (de ahí que, por ejemplo, se empujen sin problema alguno, sin sentirse mal ni nada: ellos quieren algo, y van a por ello). Su afán por imitar va en aumento, y empiezan a hacer cosas como acostar a sus muñecos como les acostamos nosotros, a darles de comer, “a hacer como sí..:”. Esta imitación es un entrenamiento importantísimo para su desarrollo social, ya que lo que en realidad están haciendo es aprender a través de lo que ven que hacemos y reproduciéndolo.
Desarrollo social del niño de 3-4 años

En esta etapa pasan de ese juego en paralelo con otros niños a interaccionar y jugar verdaderamente juntos, lo que se denomina “juego cooperativo”. Atrás se queda el competir con los otros (por la posesión de un juguete, por realizar ellos una acción), y empieza el colaborar.
Es más independiente, le interesa lo nuevo, probar, experimentar con situaciones y sensaciones, especialmente a través del juego con otros niños, juego en el que además demuestra cada vez más inventiva y cierta fantasía. Pueden empezar también a jugar a “papá y mamá”.
Es capaz de negociar ante conflictos, ya entiende que en frente, ese niño, es otra persona, con sentimientos. Ahora sí que puede entendernos cuando le explicamos el dolor del otro niño, porque ya puede empezar a ponerse en su lugar.
El desarrollo de la empatía es una herramienta tanto social como emocional de gran importancia.

Desarrollo social en niños de 5-6 años
La “fiesta social” está en un momento buenísimo: les encanta estar con amigos, eso de compartir aficiones, gustos y juegos es algo que les hace sentir bien, y lo buscan.
Así son las normas que una madre impone a los amigos de su hijo si quieren quedarse en su casa a dormir
La influencia entre los iguales llega a nuestros hogares, en forma de palabras que no sabemos de dónde han sacado nuestros hijos, ideas “divertidas” que no parecen de producción propia... esas cosas.

En esta etapa aún se está desarrollando su concepto del bien y del mal, de manera que entienden que existen normas sociales y que han de acatarlas... pero porque se lo decimos nosotros. No terminan de entender las implicaciones de esas normas, los por qués finales, porque su “moral” está aún en un estadio previo a ello.
El desarrollo social es un proceso complejo que va de lo más particular, el yo del peque, a la generalidad más absoluta, la sociedad. No tiene sentido meterles prisa: tanto en el desarrollo social como en tantos otros (el pis, sin ir más lejos) hay hitos a los que solo pueden llegar a un determinado momento, con una edad, fruto del desarrollo general (cognitivo, físico...).
Está genial que estén en contacto con otros niños a edades tempranas, pero la realidad, como hemos visto, es que las figuras más importantes, por propio desarrollo evolutivo del niño y sus capacidades, cuando son muy chiquitos somos nosotros, los padres/familia.
Desarrollo social de 6 a 11 años

Es importante recordar que entre los 6 y 11 años de edad las redes sociales más importantes siguen siendo la familia y la escuela. El grupo de amigos, “la cuadrilla”, es algo que aparece después de la pubertad.

En esta franja de edad todavía no está desarrollada la capacidad de relacionarse en grupo de una forma estable fuera del contexto familiar o escolar. Aunque las condiciones de vida actuales fuercen a las niñas y niños a relacionarse durante muchas horas en comedores escolares o actividades extra-escolares no debemos olvidar que en este periodo de edad no son capaces todavía de estructurar una actividad grupal sin la dirección o supervisión de una persona adulta.
Las relaciones de amistad suelen comenzar de a dos y se estructuran por proximidad o afinidad ( vecinas, primos, compañeras de deporte o actividades…). Inicialmente se realizan con la presencia cercana de una persona adulta (en casa, en el barrio, en el colegio) y posteriormente se va ampliando de forma progresiva tanto el radio de acción como el número de personas implicadas.
No conviene que los adultos fuercen el ritmo de este proceso.El niño o la niña deben ir adquiriendo seguridad y una serie de habilidades de forma progresiva, van a necesitar tiempo y tolerancia a la frustración. Las cosas no siempre van a salir bien a la primera y habrá que hacer nuevos intentos.
La iniciativa de los encuentros y la elección de las personas deben partir de los propios niños y niñas, son ellos los que deben sentir la necesidad de relacionarse y aprender a elegir las personas más adecuadas para ello. Aunque para ello deban pasar tiempo solos-as y aburrirse o llevarse algún desengaño. Los adultos pueden sugerir o facilitar los encuentros y las personas pero nunca forzarlos.

La socialización va a poner a prueba los resultados de un proceso de maduración que empezó mucho tiempo atrás. La familia constituye el grupo primario de socialización y se convierte en el espacio donde el niño-a tiene sus primeras experiencias de lo socialque van a servir de base para sus relaciones extra-familiares. Es aquí donde deben aprender a:
– Estar solo-a, jugar sola-o, entretenerse solo-a: la soledad no es sinónimo de abandono o marginación. Una niñao con esta capacidad está más preparado/a para decidir cuándo y con quién quiere relacionarse.
– No ser siempre el centro de atención: aprender a relacionarse fuera de casa significa despedirse de ser siempre el rey o la reina de casa, las amistades no me van a querer por “mi cara bonita” sino por los méritos o cualidades que sea capaz de demostrar.
– Tolerar la frustración y controlar los impulsos: esta capacidad va a permitir al niño o la niña adquirir los códigos de comportamiento socialmente aceptables. Tendrá que aprender a diferenciar lo que puede o no puede hacer en las relaciones con los iguales según el ambiente o el tipo de personas con quienes esté tratando. Las normas de comportamiento de las familias y los grupos sociales son diferentes. El respeto por los otros y sus diferencias va a ser muy necesario para mantener las amistades.
– Poder desobedecer: esto es diferente de “ser desobediente”. Un niño o niña que es capaz de revelarse, en alguna ocasión, y decir no a los padres, demuestra que está desarrollando un criterio propio y una personalidad con la suficiente fuerza para también poder decir no al líder dominante del grupo o al compañero repetidor cuando le propone algo inadecuado. Si se han adquirido estas habilidades en el seno de la familia, las relaciones sociales fuera de ella seguramente serán ricas y duraderas en el tiempo.
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